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Balacera.

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Pecesita Voladora

Todos sabemos ya, que la inseguridad en nuestro país y sobretodo en Monterrey está cada vez más cabrona, en las calles hay balaceras diarias, en los parques amanecen muertos, en los puentes peatonales aparecen personas colgadas, reos que escapan de prisión, inocentes muertos incluídos menores de edad, policía corrupta que defiende al narco y no al civil, niños menores de 11 años involucrados en el narcotráfico y que incluso han matado; son anormalidades que ya no nos sorprenden, estamos conscientes de lo que tenemos y que debemos acostumbrarnos a ello de una u otra manera. El terror que en los 90's sentían al encontrar cinco muertos en la ciudad ya era una atrocidad, un homicidio, y la gente inventaba historias de terror, leyendas e incluso libros para redactar lo mejor posible el caso. Hoy en día nada de esto nos sorprende, ya es algo tan natural, tan rutinario que incluso nos sorprendería si derrepente dejara de suceder, pues ya lo consideramos parte de nuestras vidas.

¿Recuerdan el crímen de la calle Aramberri? ¡Que buena lana se llevó Hugo Valdés al publicar la terrible historia de doña Inés! Pobre, mutilada por sus propios sobrinos solo para robarle su dinero. ¡Es todo un caso! ¡Una leyenda! memorable de nuestro hermoso Monterrey. Pero consideremos que hace diez años un homicidio no era común, y cuando ocurría, la ciudad entera se alarmaba, lo sabía y el apeído de la familia quedaba marcado para siempre.


Hoy ya no tenemos esas ventajas de fama, y las posibilidades de que alguien se interese sobre nuestra historia para la elaboración de un libro, son casi nulas. y, . . . ¿debería preocuparnos?



Hay aún quienes se niegan a asimilarlo, ya sea por miedo, por autoprorección, o porque simplemente se rehusan a aceptar lo que está sucediendo; pero aquí lo único cierto es que ni la policía regia, ni el pueblo, ni el gobierno, y tal vez el ejército, lo detendrán, ésto es una guerra de narcotráfico, únicamente entre ellos que terminará cuando ellos lo decidan, desgraciadamente por estar nosotros en medio, también terminan embarrandonos su mierda.

"El homicidio es además un misterio porque la muerte está más allá de la experiencia de todo ser humano vivo. Al intentar desentrañar el misterio de la muerte la tenemos (aunque muchos la desean), pero no podemos concebirla como el fin último y definitivo. Nos sentimos atraídos por ella, como algo desconocido, anhelamos vislumbrarla -descubrir lo que nos oculta en esa penumbra de sombras y niebla-. Al mismo tiempo, aterrorizados, deseamos alejarla de nuestra mente. Pero la temamos o no, la muerte sigue incitando nuestra curiosidad. Sin embargo, a pesar de nuestros esfuerzos más ingeniosos, la muerte guarda su secreto, y este secreto constituye en parte la razón de la fascinación que el homicidio nos produce".
David Abrahamsen


Ayer por la noche estaba arreglandome para ir con la enana (mi mejor amiga) a una fiesta cerca de aquí, era tranquilo y planeabamos llegar temprano, poco antes de pasar por ella a su casa (el otro lado de la avenida) una balacera me aturdió. Apagué inmediatamente las luces de mi cuarto y salí al balcón, me senté cuidando que el árbol me cubriera en la obscuridad y me puse a observar todo, no pude ver mucho, solo a jovenes corriendo por la avenida, algunos civiles asustados que trataban de alejarse del lugar y una camioneta que después de varios balazos quedó inmovil a unos 150 metros de mi casa. Gritos de una mujer llorando aterrada me hizo suponer que habían heridos, pero no quise investigar por mi propia cuenta.
Hoy por la mañana apenas me enteré por voces de los vecinos que no solo fue un hombre quién murió, sino también un niño. Tan pronto como terminó la balacera, me cambié el vestido, me puse pijama y me escondí bajo las cobijas esperando que ahí nadie pudiera encontrarme. ¡yo sé que soy muy maricona!